El Padre Laguérie responde
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RESPUESTAS A PREGUNTAS (documento de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, del 29 de junio de 2007).
Comentario del Padre Philippe Laguérie
En su ya famoso discurso del 22 de diciembre 2005 a la Curia, el Papa había anunciado una relectura del Concilio para dar la interpretación auténtica de este, es decir, la de la Sede Romana. Este nuevo documento se inscribe obviamente en este trabajo anunciado y emprendido por Benedicto XVI. Ya, sobre el mismo tema, se tenía la declaración “Dominus Jesus” de la que cada uno sabe que fue el redactor principal. ¡Gracias al Papa por proseguir este trabajo que sólo él puede hacer! Solamente algunos días después del famoso Motu Proprio, la Congregación para la Doctrina de la Fe publica bajo la firma de su Presidente, el cardenal Levada, cinco respuestas sobre el carácter único de la Iglesia de Cristo que es la Iglesia Católica Romana. Y como el Instituto del Buen Pastor se comprometió, él también, a trabajar en este sentido y a apoyar al Pontífice Romano para permitirle dar el sentido auténtico del magisterio, es bien justo que mis colegas y yo mismo, hagamos un amplio eco a estas páginas decisivas para el futuro de la Iglesia.
1) ¿Cuál magisterio?
El documento, firmado por el Cardenal Levada, prefecto de la Congregación, sin embargo fue aprobado de forma especial por el Papa, “ratificado y confirmado” en sesión particular. Es pues un magisterio del propio Papa. Uno se guardará sin embargo, a pesar de la gran autoridad de la que goza, de hacer de este un documento infalible porque si las tres primeras condiciones están bien presentes (autor, tema y universalidad de los destinatarios) falta obviamente la principal que es la voluntad de obligar a creer o a tener. Sin embargo se tendría culpa de subestimar tal texto: representa la interpretación auténtica que el Papa hace al Concilio. Ya que, Deo gratias, ella comenzó, plenamente.
2) Un documento preciso.
Una introducción, cinco preguntas cortas y respuestas rápidas. Todo está en dos páginas, si se quiere bien poner a parte las otras dos, exclusivamente con referencias. De ahí resulta una impresión de claridad muy agradable. ¡Una sociedad, cualquiera que sea, debe dirigirse así, por algunos textos cortos y precisos, como en el buen tiempo pasado de los antiguos Papas! Al contrario de la legislación europea, por ejemplo, que no cabe ya en una biblioteca monumental, aún menos en la cabeza de un hombre honesto, incluso si fuera especialista; con, ¡por favor!, centenares de páginas del tamaño de los botones de pantalón, de la que obviamente todo mundo se burla. Aquí, el Papa se atreve a tomar a brazo partido una de las doctrinas más controvertidas y más agitadas por el mal espíritu del concilio, para denunciarlo, y volver al texto bruto. Bello trabajo en verdad, de limpieza sistemática de minas, valiente y lúcido.
3) Un principio definitivo. (primera pregunta)
Con gran respaldo de citas del propio concilio y de los Papas anteriores, el Papa actual explica que el concilio no quiso cambiar la doctrina anterior, de hecho no la cambió, y se comprende fácilmente, inclusive si somos nosotros quienes lo añadimos explícitamente, que no lo podía. Porque hay algo de irreformable en la doctrina dogmática sobre la Iglesia, de la cual obviamente se trata aquí. Se sabe por lo demás que la intención manifiesta de todos los Papas y obispos del Concilio era precisamente de no definir nada. Es suficiente decir que, por lo tanto, no sólo no podían introducir doctrinas contrarias al magisterio anterior, sino que incluso no podían simplemente introducir doctrinas nuevas, aunque fueran justas y extraídas del depósito de la Revelación.
Por lo tanto, este gran principio de hermenéutica permanecerá para lo que continúe: es a la luz del Magisterio anterior y por consecuencia de la Tradición de la Iglesia que deberán ser resueltas todas las dificultades, contradicciones y equívocos debidos, en su texto mismo, al mal espíritu del concilio. Pues finalmente siempre quedará este escándalo histórico que sea necesaria, 40 años más tarde, toda la autoridad de un Pontífice luminoso para retirar una a una todas las trampas de una anfibología casi institucional. ¡El Papa cita como referencia las innumerables preguntas de los padres del concilio en que todos piden que se clarifiquen las citas incriminadas y a los cuales invariablemente se responde que la doctrina tradicional está expresada claramente!
4) Una doctrina definitiva. (segunda y tercera preguntas)
No solamente porque lo señala el Papa claramente, sino porque es la doctrina del magisterio más solemne de la Iglesia: La única Iglesia fundada por Cristo, y precisamente según la nota de unicidad de nuestro Credo, es la Iglesia Católica Romana, con el Papa a su cabeza. El término “subsiste” empleado por Lumen Gentium sólo indica una permanencia en el ser histórico de esta única Iglesia, con todos los elementos instituidos por Cristo, en la Iglesia Católica “en la cual se encuentra concretamente la Iglesia de Cristo sobre esta tierra”. ¡No se puede ser más claro! Se ve que el verbo subsistir toma aquí un sentido equivalente, incluso más intensivo que el verbo ser: el de una permanencia en la unicidad del ser.
¿Pero por qué, prosigue el Papa, utilizar este término de subsistir en vez del verbo ser, precisando por otra parte estas connotaciones? Para indicar que cierto número de elementos que pertenecen en propiedad a esta única Iglesia de Cristo se encuentran en los cismáticos. Se puede discutir de saber si tal era el buen medio. ¡Y es verdad decir que, vistos los cuarenta años de saliva y tinta que pasaron desde entonces, no es seguro que fue el mejor! Pero, en adelante, ya nadie puede utilizar más este texto para sostener que habría otros modos de subsistencia, en su unicidad, de la Iglesia de Cristo en otras iglesias “normales”, de derecho divino. A todas les falta algo de la Iglesia de Cristo y tienen que pedirlo y recibirlo de La única que posee la identidad adecuada a la fundación de Jesucristo.
5) Los elementos constitutivos o esenciales. (cuarta y quinta preguntas).
El Papa, en el resto del documento, habla de tres elementos constitutivos de la Iglesia de Cristo. La verdadera sucesión apostólica, la realidad del sacramento de la Eucaristía, y la comunión con la Iglesia Católica y en consecuencia con el Papa, su jefe. Sólo la Iglesia Romana que posee estos tres constitutivos de la Iglesia de Cristo puede, por este motivo, identificársele con Ella. El segundo de estos tres elementos no plantea ninguna dificultad: sólo los católicos y los ortodoxos poseen este tesoro de la misa en toda su amplitud, siendo el medio el sacramento del orden, también conservado por ellos. El primero plantea una verdadera dificultad teológica; sin duda la sucesión apostólica es idéntica sacramentalmente en los ortodoxos y en los católicos. Pero es evidente también que no hay obispo legítimo sin la comunión con el Pontífice Romano, el obispo de los obispos. Esta segunda condición afecta muy de cerca a la tercera. Y si los obispos ortodoxos son sacramentalmente verdaderos obispos, su sucesión apostólica formal está gravemente manchada con esta ausencia de comunión. Así el elemento conservado por ellos, más que la sucesión apostólica, es la realidad del sacramento del orden en su plenitud. Aportada esta precisión, el Papa admite entonces que los ortodoxos, conservando estos dos elementos, tienen un derecho real a la denominación de iglesias (siempre particulares). En cambio, no poseyendo ni verdadero sacerdocio, ni Eucaristía, ninguna comunidad resultante de la Reforma tiene derecho a esto. El Consejo Ecuménico de iglesias se ve negar la legitimidad de su título, dicho sea de paso.
Ya que el Papa afirma que la sucesión apostólica es un “elemento esencial constitutivo de la Iglesia”, mientras que la comunión, que sólo falta a los ortodoxos, no es sino “uno de sus principios constitutivos internos” (por lo tanto no esencial) inclusive si ella no fuera sino sólo un complemento exterior de la iglesia particular. Todos son pues constitutivos de la única Iglesia querida por Cristo y por esto es que solamente la Iglesia romana que los posee todos, puede ser esta Iglesia.
En otras palabras, entre los elementos constitutivos, hay unos esenciales que justifican solos que se hable de iglesia. Es el sentido común y la verdadera filosofía. Tomemos un ejemplo: la salud en el hombre es un constitutivo interno de su ser; pero no podría ser un constitutivo esencial: Un hombre enfermo es obviamente un hombre verdadero aunque deficiente, hasta la incapacidad total, quizá. Del mismo modo, un hombre desprovisto del uso de la razón: le falta un constitutivo interno del hombre (el uso de la razón), pero no un elemento esencial de su ser (la racionalidad). Así los ortodoxos constituyen verdaderas iglesias, particulares siempre, mientras que otros no lo serían, estando desprovistos de los caracteres esenciales de una iglesia. El Papa devuelve así a la Iglesia Católica Romana, después de tantas humillaciones sufridas, su lugar de única esposa de Jesucristo.
Padre Phlippe Laguérie