La autoridad papal queda en pié
Por el Padre Elílio Faria Mattos Jr.
Nota introductoria:
Queriendo escribir un mensaje a nuestros lectores, para recomenzar nuestras publicaciones por internet, nos pareció de interés particular traducir y divulgar (en versión castellana) el excelente artículo del Padre Elílio, sobre el simbolismo del atentado sufrido en Navidad por el Santo Padre.
El Padre Elílio analiza profunda y muy sabiamente el valor simbólico de la caída del Papa agredido estúpidamente, mostrando un paralelismo simbólico impresionante con las caídas de Cristo en el camino a la crucifixión, en el Calvario. Nuestro Señor, triunfó al final, citando el Apocalipsis, cuando anuncia que el “Cordero se mantiene en pié”.
Reflexionando sobre la interpretación del Padre Elílio, muy modestamente nos permitimos recordar dos detalles:
- que esta es la segunda caída, la primera había sido cuando se lesionó la mano izquierda hace unos meses estando de vacaciones, en la que como ahora, pronto se puso en pié, apoyándose en la derecha, para continuar su misión de Pastor.
- Otro detalle a notar es la lamentable caída y fractura de fémur del anciano Cardenal Etchegaray, un notorio exponente del ala progresista del episcopado francés, que tanto dificulta la aplicación del Motu Proprio sobre la Misa y que mira con malos ojos la posible integración de los tradicionalistas tan buscada por Benedicto XVI.
¿Sería símbolo no sólo de las dificultades que está enfrentando sino también de la victoria de la restauración litúrgica y por ende teológica, valerosamente iniciada por Su Santidad en su camino al Calvario?. ¿Habrá una tercera y última caída como reza el Vía Crucis? No lo sabemos; pero de lo que si tenemos la certeza es que el sucesor de Pedro logrará la victoria hasta lograr anclar la barca de la Iglesia, que “hace agua por todas partes” en medio de las columnas de la Eucaristía y la Santísima Virgen, realizando así el sueño profético de San Juan Bosco, donde Pedro cae y se levanta también, siendo su última caída fatal, para su integridad física, haciéndolo mártir, dejando a su sucesor la misión terminar lo iniciado por él y al final también el triunfo anunciado por Nuestra Señora en Fátima: “ Por fin mi Inmaculado Corazón triunfará”.
Que bello homenaje de un sacerdote al Niño Dios, en la gruta de Belén.
Con el saludo de año Nuevo, acompañado de los mejores votos, ofrecemos a nuestros lectores una reflexión que estimula a la Confianza en el Niño Jesús, “apparuit benignitas, et humanitas Salvatoris nostri Dei…” (Tit. 3,4) que hace visible bondad y el amor de Dios a los hombres y al mismo tiempo es el Cordero que permanece de pié, hoy, en su Vicario, el Papa Benedicto XVI, a quien, de nuevo, el IBP convoca a prestar, en medio de las más grandes incomprensiones, rebeliones y ultrajes, inclusive disfrazados y silenciosos, un sincero homenaje de lealtad y obediencia filiales.
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"La autoridad papal queda en pié"
El episodio ocurrido en la noche de Navidad de este año en la Basílica de San Pedro en Roma es, de cierta manera, un símbolo de los tiempos actuales. El Papa, Vicario de Nuestro Señor Jesucristo en la Tierra, caído. La mitra, símbolo de su autoridad, rueda en el piso. La férula, que representa su misión de Pastor universal, es derribada por el hombre moderno, desorientado, confuso y como que fuera de sí. Loca o no, la joven de 25 años que provocó el incidente, bien representa al mundo de hoy, que echa por tierra la autoridad y las palabras del Romano Pontífice, que, en las palabras de la grande Santa Catalina de Siena, es «el dulce Cristo en la Tierra». ¿La joven es loca? No se sabe. Pero si se ve claramente lo que representa: el mundo que rechaza a Dios y a su Cristo para abrazar el vacío y caminar en las tinieblas.
Benedicto XVI se yergue rápido y continúa su camino. Celebra la Santa Misa, que es lo más sublime sobre la faz de la Tierra, rinde el verdadero culto a Dios y se conserva en su lugar, como pastor colocado delante del rebaño por el Pastor Eterno, obispo y guardián de nuestras almas (Cf. IPd 2,25). En la homilía, el Santo Padre cita la regla de San Benito. Hoy, Benito, aquel de Nursia, habla por la boca de Benedicto, el Papa: «Nihil Deo praeponere» - nada anteponer a Dios. Es a este nuestro mundo que Benedicto XVI dirige esas palabras llenas de verdad. Es a esta, nuestra cultura agnóstica, relativista, pragmática, corrupta, materialista y nihilista que el Papa exhorta. Cultura que, en las palabras de algunos, se pone feliz de ser «pos-moderna»... Cultura que rechaza cultivar la verdad... Cultura que hace tanto, dejo de ser cultura...
«Nada anteponer a Dios». Benedicto XVI ya había dicho a los obispos de la Iglesia: «En nuestro tiempo en que la fe, en vastas zonas de la tierra, corre el peligro de apagarse como una llama que ya no recibe alimento, la prioridad que está sobre todas es retornar a Dios presente en este mundo y abrir a los hombres el acceso a Dios... Conducir a los hombres hacia Dios, hacia el Dios que habla en la Biblia: tal es la prioridad suprema y fundamental de la Iglesia y del Sucesor de Pedro en este tiempo» (Carta a los obispos, 10 de marzo de 2009).
Después de la caída, el Papa se pone en pié y actúa como si nada hubiese ocurrido. Así ha sido su pontificado: muchas veces incomprendido por los hombres, inclusive católicos – ¿y por que no decir: sobre todo católicos? -, Benedicto XVI no desiste de llevar a cabo su misión, como Cristo al camino del Calvario, a fin de ofrecer a Dios la consciencia pura del deber cumplido. Como si nada ocurriese, como si incomprensiones, ultrajes y rebeliones, lo mismo que disfrazadas y silenciosas, no existiesen; como si el desprecio a Cristo no le hiriese el corazón; como si el rechazo de Dios no le contristase el alma, Benedicto XVI se dirige al altar de la Cruz. Está apoyado en la esperanza que no decepciona.
Si la autoridad del Sucesor de San Pedro es tirada al piso por los hombres actuales, eso no significa que ella esté fuera del lugar que le reservó Dios. Cristo también calló - y por tres veces -, pero está de pié. Trae sí, las marcas de la pasión, pero está de pié para siempre: "Vi un Cordero de pié, como que inmolado" (Ap 5,6). El Papa está de pié, y con el la Iglesia que le fue confiada, y así quedará hasta la venida gloriosa de Nuestro Señor, que dijo: «Tu eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella» (Mt 16, 18). «Non praevalebunt» - las fuerzas negativas del mal, aunque que dejen ciertas marcas, jamás van vencer al Bien, que es Dios. Y es Dios quien sustenta en la Tierra a Su Iglesia y al Papa que colocó al frente del rebaño de Cristo!
Padre Elílio Faria Mattos Jr. |